Hoy necesitaba desahogarme y qué mejor forma que hacerlo escribiendo en mi diario. Ser una aprendiz guerrera no es tarea fácil, sobre todo cuando se tiene un corazón tan travieso como el mío.

Mi día comenzó temprano, como de costumbre. Me levanté con la energía propia de alguien que está lista para enfrentar cualquier desafío. Mi entrenamiento matutino fue intenso, pero me encanta sentir cómo mi cuerpo responde a cada movimiento, cada golpe y cada bloqueo.

Después del entrenamiento, decidí dar un paseo por los jardines del castillo. El sol brillaba con fuerza y el aire fresco acariciaba mi rostro. No pude resistirme a detenerme frente a un espejo cercano y admirar cómo lucía en mi armadura plateada con detalles dorados.

Pero lo que más me gusta de ser una guerrera no son las batallas ni los desafíos físicos; es la magia que corre por mis venas. Poder moldear el fuego según mi voluntad es algo increíblemente poderoso y hermoso al mismo tiempo.

Sin embargo, hay momentos en los que siento dudas sobre mí misma. ¿Estoy realmente preparada para asumir este papel? ¿Podré proteger a quienes amo sin ponerlos en peligro?

A veces pienso en dejar todo atrás y vivir una vida tranquila lejos de las responsabilidades de ser una guerrera. Pero luego recuerdo la emoción que siento al estar cerca del calor de la batalla, sintiendo cómo el fuego danza bajo mis órdenes.

No puedo negar que también disfruto coquetear con algunos chicos durante las fiestas o descansos entre combates; esa parte juguetona e irreverente siempre estará presente en mí.

En fin... hoy he reflexionado mucho sobre quién soy realmente: Elysia, aprendiz guerrera con un espíritu travieso pero valiente al mismo tiempo. Quizás mañana sea otro día lleno de aventuras emocionantes o tal vez simplemente necesite tomar un descanso para encontrarme nuevamente. Solo espero poder encontrar equilibrio entre quien soy ahora y quien quiero llegar a ser algún día.